Junio es un mes que nos invita a reflexionar sobre la dignidad, la memoria y el derecho a vivir en libertad. En el marco del Mes del Orgullo LGBTQIA+, desde Psicólogos por Chile queremos sumar una mirada profesional y humana sobre una realidad que aún requiere compromiso activo: el impacto que la discriminación tiene sobre la salud mental de las personas de la comunidad LGBTQIA+, y el rol que nos toca asumir desde la psicología.
Aunque las diversidades sexuales y de género han existido en todas las culturas a lo largo de la historia, la psicología y la psiquiatría han sido parte de una trayectoria que no siempre fue inclusiva. Durante décadas, la homosexualidad fue tratada como enfermedad. Solo en 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría dejó de considerarla como tal, y no fue hasta 1990 que la Organización Mundial de la Salud eliminó esta clasificación.
Este camino ha estado marcado por luchas sociales, como las revueltas de Stonewall en 1969, que dieron origen al orgullo como concepto político y emocional. Aun así, muchas expresiones de identidad —como las identidades trans, no binarias o intersex— siguen siendo objeto de estigmatización, violencia y exclusión, incluso en espacios donde se debiera promover el bienestar y el respeto.
Realidad nacional
En Chile, si bien se han producido avances legales importantes —como la Ley Zamudio, la Ley de Identidad de Género, el Acuerdo de Unión Civil o el Matrimonio Igualitario—, las cifras más recientes muestran un retroceso alarmante en términos de convivencia y seguridad. Según el Informe Anual de Derechos Humanos del Movilh, los casos de homo y transfobia aumentaron un 78,7% entre 2023 y 2024.
Estos datos no solo reflejan hechos aislados, sino que hablan de una violencia estructural que se manifiesta en el lenguaje, en las políticas, en los prejuicios cotidianos, y que tiene consecuencias concretas en la salud mental: síntomas depresivos, ansiedad, estrés postraumático, retraimiento social y rupturas en las redes de apoyo.
“En resumidas cuentas, están en riesgo la identidad de la persona, su estado de ánimo e incluso su propia vida”, señala el voluntario de Psicólogos por Chile, Eduardo Morgado, al referirse a los efectos de la discriminación constante. “Esto tiene mucha comorbilidad con el suicidio, en ese sentido”, agrega, enfatizando cómo el daño psicológico puede intensificarse cuando la exclusión comienza desde la adolescencia.
El escenario se vuelve aún más complejo cuando la atención psicológica también está mediada por prejuicios o desinformación. Un estudio chileno reciente mostró que persisten barreras en la Atención Primaria de Salud (APS) para brindar una atención integral a personas LGBTQIA+. En muchos casos, no se trata de rechazo abierto, sino de una falta de herramientas, conocimientos o comprensión ética.
“Muchas veces las intervenciones se retrasan por un tema de estigma, como el miedo a cómo tratar a estas personas”, comenta Eduardo. “Se lleva la concepción de que el trato tiene que ser tan distinto, que a veces la gente ni siquiera tiene como el ánimo o la motivación de realizar intervenciones en general con esta población”. Para él, el cambio comienza con la apertura: “Los cambios tienen que ver primero con abrir la mente. Las soluciones terapéuticas existen; el problema es la aplicación”.
Las personas LGBTQIA+ enfrentan obstáculos que van desde el miedo a ser tratadas con sesgos, hasta la posibilidad de ser sobrevictimizadas o infantilizadas, incluso con buenas intenciones. “En algunos casos, la exacerbada compasión genera un sesgo que también discrimina”, explica Eduardo. “Aunque la intención sea positiva, termina tratándolos como si fueran ‘bichos raros’”.
A esto se suma el miedo a la exposición, la falta de garantías de confidencialidad y una infraestructura que muchas veces no protege ni reconoce la diversidad. “Tenemos herramientas, probablemente están ahí. El problema es que no las estamos usando bien o no se nos ha enseñado cómo usarlas”.
Frente a estos desafíos, la directora ejecutiva de Psicólogos por Chile, Karent Hermosilla, subraya la responsabilidad institucional:
“Reconozco que aún enfrentamos importantes desafíos para garantizar una atención psicológica verdaderamente inclusiva, que respete y acoja la diversidad en todas sus formas. Nuestra planificación estratégica 2025–2027 nos impulsa a revisar críticamente nuestras propias prácticas, fortalecer la formación interna, generar evidencia con perspectiva de género y diversidad, y participar activamente en espacios donde aún persiste la exclusión.”
“Este mes del orgullo nos recuerda que no basta con declarar principios: debemos traducirlos en acciones concretas que reduzcan barreras, amplíen accesos y promuevan un trato digno para todas las personas. Asumimos este camino con humildad y convicción, desde una psicología que se transforma para acompañar con justicia y cuidado. Y extendemos esta invitación a toda la sociedad, a los organismos públicos, al mundo privado y académico: es tiempo de revisar nuestras prácticas, de cuestionar los sesgos que aún persisten, y de construir en conjunto una sociedad más justa, inclusiva y respetuosa de los derechos humanos.”
Desde Psicólogos por Chile creemos que la psicología debe ser un puente. Que nuestro rol no se agota en la consulta, sino que se proyecta en el lenguaje que usamos, en las redes que tejemos y en los espacios donde decidimos participar o guardar silencio. Este mes del orgullo es un llamado a involucrarnos de manera activa, a visibilizar, a acompañar con respeto y a aportar a una cultura que reconozca la diversidad como parte esencial del bienestar colectivo.
Porque no hay salud mental sin derechos. Y no hay derechos sin inclusión real.



