Este año, la ONU y la OMS han puesto el foco del Día Mundial de la Salud Mental en el acceso a los servicios de salud mental durante catástrofes y emergencias. Una mirada que, para quienes formamos parte de Psicólogos por Chile, tiene un sentido profundamente significativo.
Nuestra organización nació un 27 de febrero de 2010, día en que el terremoto y tsunami del 27F remecieron al país. Surgimos de la voluntad de un grupo de psicólogas y psicólogos que decidimos movilizarnos “desde lo mejor que sabíamos hacer”: acompañar a las personas en su sufrimiento emocional y poner nuestra profesión al servicio del país.
Por aquel entonces, hablar de salud mental en emergencias no era habitual. El foco estaba en la reconstrucción material, y la reparación emocional quedaba relegada a un segundo plano. Sin embargo, como país hemos aprendido —junto a las comunidades— que no hay reconstrucción posible sin salud mental. Detrás de cada casa caída o escuela incendiada hay personas, familias, redes, recuerdos, emociones y proyectos que también deben reconstruirse.
Hoy, quince años después, seguimos impulsando esa responsabilidad social profesional, convencidas de que cuidar la salud mental no es una opción, sino un derecho esencial y una dimensión estratégica de la respuesta humanitaria y del desarrollo sostenible.
Promover comunidades emocionalmente seguras y sostenibles
La evidencia internacional muestra que una de cada cinco personas afectadas por emergencias o conflictos desarrolla algún trastorno mental, y que prácticamente todas experimentan angustia o estrés. Por ello, tanto la ONU como la OMS recuerdan que brindar apoyo psicosocial en crisis “no es opcional: es esencial”.
Desde nuestra experiencia en el Programa de Emergencias y Desastres de Psicólogos por Chile, hemos comprobado que cuando una comunidad está emocionalmente preparada, su capacidad de respuesta y recuperación aumenta significativamente. Por eso creemos firmemente que la salud mental debe abordarse de forma transversal y preventiva, no solo en contextos de desastre, sino como parte de la gestión integral del riesgo y del bienestar colectivo.
Necesitamos avanzar hacia un país donde las personas puedan acceder a apoyo psicológico en todas las etapas y circunstancias de su vida: ante un duelo, una pérdida, el estrés laboral o una crisis personal. Una persona que recibe acompañamiento oportuno tiene mayor capacidad de afrontamiento ante futuras adversidades, evitando que los síntomas se agraven y que se sobrecarguen los sistemas de salud pública.
La prevención y la educación emocional son pilares del fortalecimiento comunitario y deben estar presentes en cada espacio donde convivimos —en el hogar, la escuela, las organizaciones y los lugares de trabajo—. En Psicólogos por Chile promovemos la formación en Primeros Auxilios Psicológicos (P.A.P.) como herramienta para que líderes, equipos y comunidades desarrollen competencias para contener, acompañar y actuar frente a crisis o emergencias.
Cuando las comunidades —ya sean territoriales, educativas o laborales— cuentan con personas preparadas, disminuye el impacto emocional, se reducen los riesgos psicosociales y se fortalece la capacidad colectiva de recuperación. En coherencia con las exigencias actuales de entornos laborales seguros y libres de violencia, reconocemos que construir espacios emocionalmente seguros es hoy una responsabilidad compartida, que requiere tanto de políticas públicas como de compromiso institucional y humano.
Reconocer y cuidar a quienes hacen posible nuestra misión
Nada de lo que hemos logrado sería posible sin el compromiso y la convicción de los cientos de voluntarios y voluntarias que día a día se suman a nuestra causa. Gracias a su confianza en nuestra organización, podemos facilitar el acceso a una salud mental de calidad, acompañando a comunidades que de otro modo no tendrían acceso a atención psicológica.
Sabemos que detrás de cada intervención hay personas que entregan su tiempo, su energía y su vocación de servicio. Por eso, queremos invitar a todas las personas que, frente a una emergencia, se sientan motivadas a ayudar, a detenerse un momento y preguntarse si están emocionalmente aptas para prestar apoyo. Brindar contención requiere cuidado previo, preparación y supervisión.
Asimismo, es fundamental canalizar la ayuda a través de organizaciones que nos activamos en contextos de emergencia y ayuda humanitaria, para que el apoyo sea seguro, ético y articulado, llegando donde realmente se necesita. La colaboración responsable salva vidas, reduce daños y fortalece la confianza en las redes que sostienen la respuesta nacional en salud mental.
Un mensaje a quienes hoy enfrentan dificultades emocionales
A lo largo de nuestra historia, hemos visto cómo el sufrimiento emocional puede aliviarse cuando alguien se atreve a pedir ayuda. Pedir apoyo es un acto de valentía, no de debilidad. Hablar de lo que sentimos —con una persona de confianza o con un profesional— nos permite mirar el dolor desde otro lugar y comenzar a sanar.
La salud mental no se trata solo de diagnósticos, sino de humanizar el acompañamiento y normalizar el pedir ayuda. A veces basta con que alguien escuche sin juzgar, sin minimizar el malestar del otro, y diga: “Estoy contigo en lo que decidas.”
Y si no encuentras esa persona aún, recuerda que no estás solo/a. Existen redes, programas y organizaciones —como la nuestra— que facilitan el acceso a atención psicológica y acompañamiento emocional. En Chile, iniciativas como la Línea 4141 del MINSAL o los programas comunitarios de salud mental impulsados durante la Campaña Nacional “Estigmatizar cierra puertas. Abramos la conversación” (2025), promueven un cambio cultural: hablar de salud mental, pedir ayuda y acompañar sin estigma.
Tu bienestar importa. Sufrir emocionalmente no es “ser débil” ni una condición permanente. La resiliencia se construye con apoyo y cuidado. Permítete sentir y buscar acompañamiento; con el tiempo descubrirás que pedir ayuda no solo es posible, sino transformador.
Karent Hermosilla – Directora Ejecutiva y Equipo Psicógolos por Chile



